domingo, 22 de julio de 2012

No por mucho madrugar... Dios te ayuda.

El rasgo de la expresión nacional en el que hoy vamos a hacer hincapié es el de la reproducción de ciertas frases que, sí bien poseen un significado específico que le atribuimos en nuestra contemporaneidad y uso, probablemente hayan tenido una génesis diferente a la que imaginamos.

Hay un acervo general de conocimiento que se cristaliza en la materialización de ciertos conceptos propios del sentido común, que todos manejamos con cierta soltura y que, dado a que están ampliamente naturalizados, no se cruza reflexión alguna sobre ellos en nuestras pequeñas mentes. Todos recurrimos al enriquecimiento de nuestras exclamaciones a enunciados que todos conocemos, que comúnmente aceptamos como válidas, que forman parte de nuestros intercambios y que entendemos, sin importar de quién provenga tal o cuál afirmación. Inclusive, hasta las tan reconocidas "malas lenguas" son consideradas citas con mayor autoridad que los literatos más arraigados culturalmente en la sociedad porteña.

¿A dónde queremos llegar con semejante perorata? A que los Refranes, esos axiomas populares, aceptados, reproducidos y asimilados por todos, dicen más de lo que dicen. E, inclusive, pueden darse el lujo de contradecirse en contenido, y no en enunciado (ya que los seguimos utilizando con total "naturalidad"). Cuando nos referimos a la expresión "No por mucho madrugar, se amanece más temprano", podemos tranquilamente escuchar a nuestro interlocutor retrucando, y con justa razón, "Al que madruga, Dios lo ayuda". Señoras y señores, cada uno de nosotros se está refiriendo a una práctica económica diferente. Mientras la primera expresión remite al comercio en los bazares árabes, que se regían por criterios temporales pautados en conjunto (es decir, si alguno se aparecía previamente al horario estipulado, nada iba a lograr), el segundo refiere a la agricultura: cuanto más temprano se comience el trabajo, mejores cosechas se obtendrán como producto de una buena siembra. Así que no es la salida del sol lo que nos condiciona, sino lo que hacemos mientras ella sucede.

Lo que expresamos está compuesto más que por fonemas, más que por denominaciones. Es resultado de un complejo entramado histórico, social, conceptual, biográfico, ambiental del que, generalmente, no acusamos recibo. No sugiero que pensemos todo lo que decimos, porque ni la persona que padece el trastorno obsesivo compulsivo asociado al lenguaje más intenso puede hacerlo. Pero que atengamos a estas curiosidades que enriquecen el habla y el pensamiento de cada uno.


1 comentario:

  1. Ahí, en los "dichos", están las pruebas fehacientes de la existencia de la dominación. Su repetición y uso cotidiano son la perpetuación de aquella, y una gran derrota cultural.

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